El espionaje industrial en la cúpula de Renault pone en jaque su proyecto estrella

El espionaje industrial en la cúpula de Renault pone en jaque su proyecto estrella

JUAN PEDRO QUIÑONERO / CORRESPONSAL EN PARÍS

Renault, tercer constructor mundial de automóviles, ha despedido de manera fulminante a tres altos ejecutivos, sospechosos de espionaje industrial en un terreno estratégico para la empresa y la nueva industria del coche eléctrico, llamado a revolucionar el mercado internacional. Eric Besson, ministro de Industria, habla ya de «guerra económica». Por su parte, los distintos portavoces de la empresa intentan «acotar» un caso excepcionalmente grave.

La dirección de Renault comenzó por dar una noticia grave y escueta: tres altos ejecutivos han sido despedidos, suspendidos de empleo y sueldo, de manera fulminante, tras descubrirse que habrían «divulgado» y hecho «revelaciones graves» que causan un «daño incalculable a los intereses estratégicos, intelectuales y tecnológicos de la empresa».

Oficiosamente, varias fuentes empresariales calificaron de «seísmo» las primeras conclusiones de la investigación interna realizada por el comité deontológico de Renault desde primeros del mes de agosto pasado. Tras la «alerta ética» del comité, la dirección general, tras informe al comité de dirección del grupo, tomó la decisión de la suspensión y despido fulminante de los tres sospechosos.

Uno de ellos, Michel Balthazard, director de la división de proyectos y prestaciones, trabajaba en la empresa desde hacía 30 años y tenía su puesto en el comité de dirección de Renault. Uno de sus primeros subordinados y un alto ejecutivo de la división de productos y programas serían los otros dos sospechosos.

Todo parece sugerir que los sospechosos trabajaban de manera «concertada». Renault prosigue su investigación interna, antes de tomar una posible decisión judicial contra los acusados de espionaje. Renault ha comenzado por guardar silencio sobre la empresa o grupo industrial que se ha beneficiado del espionaje y las «revelaciones graves».

Varias fuentes industriales avanzan dos pistas: competidores o proveedores de Renault han estado «muy interesados» en conocer el estado real de los estudios, patentes y realizaciones concretas de la empresa en dos proyectos estratégicos: la batería eléctrica y el futuro motor eléctrico, capitales para el futuro de Renault y sus 54.000 asalariados franceses. A través de la alianza Renault–Nissan, tales proyectos también están en el corazón de batalla por el futuro mercado mundial de los primeros coches eléctricos.

Su gran apuesta, en juego

Renault aspira al liderazgo mundial de ese sector estratégico, en el que ya ha invertido unos 4.000 millones. La empresa afirma que sus futuros coches eléctricos podrían conquistar el 10% del mercado mundial hacia el 2020. Entre 2011 y 2012, Renault lanzará sus primeros cuatro coches eléctricos: el utilitario Kangoo, la berlina familiar Fluence, el compacto Zoé y el cuadriciclo Twizy. Esos cuatro vehículos, en estado muy avanzado de concepción, son la parte visible de un gigantesco proceso industrial, con numerosas innovaciones revolucionarias, comenzando por el motor y las primeras baterías eléctricas.

Ese lanzamiento está precedido de un largo proceso de innovación industrial de gran calado, en un marco de competencia industrial sin fronteras. En 2009, los dos grandes constructores franceses, Renault y Peugeot, presentaron 906 y 1.265 nuevas patentes industriales propias. Al día de hoy, Renault tiene presentadas otras 200 relacionadas con sus primeros eléctricos. Más de 1.700 ingenieros trabajan a paso de carga en el Tecnocentro Renault de Guyancourt.

Parte de ese gigantesco proceso de renovación industrial es el que tres altos ejecutivos han podido estar «filtrando» o «divulgando» a otras rivales. La dirección general de Renault ha pedido la más extrema reserva a sus 54.000 trabajadores. Patrick Pélata, número dos del grupo, ha dirigido un correo personal a todos ellos, insistiendo en estos puntos: «De entrada hemos decidido proteger nuestros activos estratégicos, intelectuales y tecnológicos, esenciales para la empresa. Tras hacerse público el escándalo, debemos proteger la imagen de la empresa y la identidad de las personas implicadas».