La UE hilvanará el lunes el segundo auxilio de Atenas para evitar el contagio a Madrid

La UE hilvanará el lunes el segundo auxilio de Atenas para evitar el contagio a Madrid

El objetivo es, sobre todo, prevenir que se contagie a España o a Italia la incertidumbre que se ha vuelto a apoderar de los mercados. Y evitar que empuje al abismo a estas dos economías. Demasiado grandes como para dejarlas caer por el efecto devastador que su quiebra tendría sobre la zona euro y la recuperación económica global. Pero también demasiado grandes como para poder rescatarlas. Con los dedos cruzados para que los mercados no vuelvan a forzar una reunión de urgencia -física o por videoconferencia-, las diplomacias de los países de la UE intentan hilvanar la respuesta con la que los ministros europeos de Economía y Finanzas intentarán devolver la calma a los inversores en la cita ordinaria que mantendrán en Bruselas el lunes y el martes de la semana que viene. Ocasión en la que también deberían activar el programa para auxiliar a Portugal.

No hay urgencia

Grecia no necesita de inmediato un nuevo plan de rescate. Aún la amparan los 110.000 millones de euros que los países de la zona euro y el Fondo Monetario Internacional (FMI) le ofrecieron hace un año en forma de préstamos con intereses que rondan el 5%. Atenas puede esperar hasta 2012, cuando sufrirá necesidades de financiación de entre 25.000 y 30.000 millones de euros, no cubiertas por el rescate actual. La urgencia es porque los responsables de la UE por fin admiten lo que el mercado descuenta hace meses: que el rescate de Atenas concebido hace justo un año es insuficiente. Aún se resisten a admitir que también podrían ser ineficaces las intervenciones en Irlanda y Portugal, y los rácanos y complejos mecanismos europeos diseñados tanto para rescatar como para penalizar con elevados intereses a los países en apuros. Las aguas vuelven a bajar revueltas desde el viernes en Eurolandia. Y los especuladores pescan de nuevo en río revuelto apostando contra los eslabones débiles: Grecia, Irlanda, Portugal, España e Italia. “Los problemas griegos convierten a España en el centro de la atención” (Greek problems put focus on Spain), titulaba ayer dando en el clavo el rotativo británico Financial Times. Wolfgang Münchau, el columnista que cada lunes desde las páginas de Financial Times torpedea la torpeza de los dirigentes de la zona euro al gestionar la crisis, calificó ayer la coyuntura como “una tempestad en un vaso de agua” (a storm in a teacup). La deuda de Grecia, Irlanda y Portugal es mínima dentro de la inmensidad de la zona euro, y la deuda del conjunto de Eurolandia es menor que la de Reino Unido, Estados Unidos o Japón.

El plan B y sus detractores

Los dirigentes europeos insisten en descartar, al menos en público, que Grecia vaya a quebrar, a abandonar el euro y volver al dracma, y que se disponga a reestructurar su deuda. El Banco Central Europeo (BCE) asegura que una reestructuración de la deuda tendría un efecto sobre la confianza del mercado y la recuperación económica global más devastador que la quiebra en otoño de 2008 del gigante bancario estadounidense Lehman Brothers. Las alternativas sobre la mesa de negociación, sobre las que debería haber novedades en la reunión de los ministros europeos de Economía del lunes y el martes en Bruselas, son ofrecer a Atenas un crédito adicional de unos 25.000 millones de euros a cambio de un plan más duro de reformas; acelerar la venta de empresas públicas; rebajarle el interés exigido por los préstamos del rescate; alargar el plazo para que devuelva la ayuda; que el mecanismo europeo de auxilio le compre deuda pública; y darle más tiempo para reducir su déficit público. En marzo ya se acordó que Grecia devuelva en siete años y medio la ayuda prestada por sus socios del euro, en lugar de los cuatro años y medio inicialmente contemplados. Y se perdonará un punto porcentual del tipo de interés que, al rondar el 5,2%, podría quedarse en el 4,2%. Si no fuera porque la base del cálculo es el euribor, que se irá encareciendo por la reciente subida de tipos de interés del BCE y las que se avecinan. Pero este acuerdo, además de insuficiente, mientras no se decida lo contrario forma parte de un paquete de medidas que deben ratificar los parlamentos nacionales para que entre en vigor en junio. Medidas entre las que están reforzar y perennizar el fondo de rescate improvisado hace un año.

Queda Berlín

Los euroescépticos emergentes en las recientes elecciones en Finlandia están en contra de estas ayudas. No es seguro que logren bloquearlas. Y está por verse la reacción del Gobierno eslovaco, que se negó en 2010 a ayudar a Grecia, aunque luego sí apoyó a Irlanda. El rechazo de Reino Unido a apoyar a Grecia y a Portugal -sólo contribuyó directamente al rescate de una Irlanda cuya quiebra le hubiera salpicado-, es marginal. Ajeno al euro, su aportación se limita a no maniobrar contra las ayudas del FMI y del resorte menor del mecanismo de rescate, que utiliza 60.000 millones del presupuesto de la UE como garantía para captar fondos del mercado y prestarlos a países en apuros. Ningún país tiene veto en este resorte, activado por mayoría cualificada. En el resorte fundamental, que en teoría puede movilizar hasta 440.000 millones de euros y cuyo uso puede vetar todo Estado del euro, sólo participan aportando garantías los miembros de la moneda única. Mientras Berlín no se descuelgue, cabe esperar que la UE encuentre cómo cumplir la promesa de su cumbre de diciembre de 2010 de hacer cuánto se necesite -ayudas, ajustes y reformas- para salvar el euro.