10 Nov El precio del suelo toca su mínimo histórico
david navarro | alicante Ni los casi dos años consecutivos de incremento que acumulan ya las ventas de viviendas, ni la reactivación del sector de la construcción, con la puesta en marcha de decenas de nuevas promociones en las zonas turísticas con mayor demanda. Nada ha sido suficiente para estabilizar el precio del suelo en la Comunitat Valenciana, que durante el segundo trimestre de este año volvió a marcar un nuevo mínimo histórico al caer la cotización del metro cuadrado a tan sólo 131,6 euros, con un descenso del 70 %, de acuerdo con los datos oficiales del Ministerio de Fomento.
En el caso de Alicante, con el precio a 100 euros, se trata de la cifra más baja desde que el Gobierno empezó a recopilar esta información en el año 2004 y apenas supone un 20 % del precio que se llegó a pagar en la fase más alta de la burbuja inmobiliaria, en el cuarto trimestre de 2006, cuando el metro cuadrado de terreno urbano en Alicante alcanzó los 528 euros, según las mismas fuentes.
Eso sí, al menos este descenso está consiguiendo despertar el interés de los compradores y el número de transacciones registradas prácticamente se ha duplicado en Alicante durante el último año, al pasar de las 96 operaciones formalizadas entre abril y junio del pasado ejercicio a las 193 del mismo periodo de 2014. No obstante, la dimensión media de las parcelas que se logran vender, de unos 1.400 metros, indica la cautela que sigue existiendo en el mercado.
No en vano, el suelo fue el máximo exponente de los excesos cometidos durante la burbuja inmobiliaria y, en especial, de la enorme especulación urbanística que acompañó a la construcción durante aquellos años. En apenas unos días, los terrenos podían multiplicar varias veces su valor en sucesivas compraventas y convertir en millonarios a los intermediarios.
Así, en un solo año, en 2004, llegaron a cambiar de manos más de cuatro millones de metros cuadrados solo en la provincia de Alicante y más de 11 millones en toda la Comunitat Valenciana. Una euforia a la que también contribuyó la masiva recalificación de terrenos que aprobaron los ayuntamientos, que han dejado en herencia decenas de planes urbanísticos que tardarán décadas en materializarse.
Una gran parte de estas extensiones de suelo están ahora en los balances de los bancos y se han convertido en la parte más difícil de digerir del festín inmobiliario, como prueba el hecho de que su valor haya caído más del doble que la vivienda terminada. En este sentido, desde los promotores alicantinos de Provia señalan que la necesidad de evacuar estos activos por parte de la banca está detrás de la caída de precios del segundo trimestre, ya que el sector trata de desprenderse de ellos de cualquier manera una vez que el Banco de España ya les ha obligado a provisionarlos casi en su totalidad y no pierden dinero por muy baratos que los coloquen.
En algunos casos, la opción que han tomado las entidades es poner en marcha sus propias promociones para revalorizar este suelo y sacarle mayor partido. No obstante, desde Provia también señalan que, al igual que ocurre con los pisos, la cotización de las parcelas depende mucho de la ubicación y, mientras sigue en caída libre en algunas zonas, en la costa ya hay municipios donde ha empezado a subir de nuevo.
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