El suelo industrial, en paro

El suelo industrial, en paro

Hace unas semanas la ciudad de Mérida acogió el Sexto Congreso Nacional de Áreas Empresariales, organizado por la Coordinadora Española de Polígonos Empresariales (CEPE). Bajo el título "Innovar y cooperar para crecer con excelencia' se trataron cuestiones como la coordinación en parques industriales ante las situaciones de emergencia, las nuevas áreas empresariales o la colaboración público–privada, así como la adopción de medidas para fomentar el movimiento en las zonas industriales, a través de ayudas, subvenciones e incentivos.

La realidad de muchos polígonos industriales españoles ha cambiado durante los últimos dos años y la provincia de Alicante no es ninguna excepción. Donde antes afloraban las empresas y la actividad económica ahora hay carteles de alquiler, dando paso a un panorama desolador.

El gerente de la Federación de Polígonos Empresariales de la Comunidad Valenciana (FEPEVAL), Tomás Contell, estima el descenso de la ocupación en las zonas industriales en aproximadamente la mitad. De la misma forma, el precio del metro cuadrado ha bajado entre un 10 y un 20 por ciento.

Contell explica que en algunos casos ha sucedido que la empresa tenía previsto trasladarse a una nave mayor, pero al no existir financiación, permanecen en el mismo lugar. «El capital que tienen lo necesitan como circulante, no pueden emplearlo en ampliar el negocio», cuenta el gerente.

Situación de los polígonos

El polígono del Canastell, en San Vicente del Raspeig, sufre desde 2008 un exceso de oferta de suelo, justo cuando , dos años antes, se habían realizado obras de ampliación, precisamente porque la demanda de metros cuadrados superaba a la existente. «Hace cinco años no habían ni naves ni suelo libre para ser ocupado», señala el presidente de la Asociación Empresarial de Polígonos Industriales de San Vicente, Juan Gran.

El Canastell alberga actualmente aproximadamente un 20 por ciento de sus naves vacías, así como un 40 por ciento del mismo de suelo calificado sin construir y otros tantos metros sin urbanizar. El descenso en el precio del metro cuadrado ha pasado de costar unos 1.200 euros en 2005 a valer 900 en la actualidad, en el supuesto de una nave básica diáfana de unos 500 metros de superficie. El presidente cree que durante todo el año 2010, la oferta permanecerá por encima de la demanda, aunque la tendencia comenzará a ser positiva a partir de 2011: «Aunque algunas empresas se han dado de baja en la asociación este año por cese de la actividad, también se han dado de alta otras tantas», indica Gran, para quien algunas de las soluciones consisten en invertir en exportación, en I+D+i y en formación para los trabajadores.

Un caso distinto es el del polígono Las Atalayas, en el que, si bien el precio del metro cuadrado de suelo industrial también ha descendido, la prácticamente completa ocupación de sus instalaciones ha evitado una excesiva oferta del mismo.

El director de gestión del polígono, Vicente Seguí, explica que, en estos momentos, en Las Atalayas no tienen lugar operaciones de compraventa, ya que todo el suelo industrial de la zona está vendido: «No hay mucha rotación respecto a la compraventa de naves. No hay suelo a la venta, por lo general está vendido y construido».

Seguí estima que a partir de ahora se producirá un cambio en e mercado de la compraventa de suelo industrial. «Es probable que las empresas se centren más en el gasto corrientes que en realizar inversiones, es decir, más en alquiler que en adquisiciones. Es complejo disponer de fondos sin el respaldo de las entidades de financiación», afirma Seguí.

Muy distintos son los resultados del ejercicio 2009 de la empresa mixta Mercados Centrales de Abastecimientos de Alicante, Mercalicante, que obtuvo un incremento del 42 por ciento en la explotación respecto al año anterior, generando unos beneficios de 70.000 euros tras varios años teniendo pérdidas, a través de la racionalización de los gastos, la disminución de los costes de personal y la reducción de los costes financieros por la caída de los tipos de interés. Sin embargo, desde Mercalicante apuntan a que la coyuntura no ha tenido especial incidencia en la actividad, ya que al tratarse de servicios alimentarios no se producen grandes movimientos ni en épocas de crecimiento ni en momentos de crisis.

Desde FEPEVAL informan de que no existen datos concretos sobre estas cuestiones debido a la falta de estructuras de gestión que representen a los polígonos empresariales. «Queremos estructurar el entramado de empresas pequeñas y medianas, en muchas ocasiones ubicadas en zonas industriales, que son las que más han sufrido las consecuencias de la crisis y que ahora mismo no están representadas por nadie. A través de agrupaciones ligadas al territorio pueden solucionarse sus problemas y atender a sus necesidades. No se ha fomentado el asociacionismo, pero la gente se está dando cuenta ahora de la importancia de tener un sistema donde la información fluya, desde donde se adopten medidas y se obtengan colaboraciones con la administración», afirma Tomás Contell.

Brotes verdes

Respecto a la coyuntura económica, Contell opina que deben generarse «unas condiciones necesarias, que aquí todavía no se han generado, para que los "brotes verdes' no sean espontáneos ni puntuales ni casuales». Para el gerente de FEPEVAL la solución pasa por incentivar a las empresas facilitando su instalación en los polígonos simplificando los trámites y licencias para que los costes sean menores y así disminuir la presión fiscal, además de incrementar las colaboraciones entre las entidades públicas y privadas. No obstante, Contell señala que se requieren diferentes tipos de medidas.