22 Abr Europa apuesta contra los coches que más contaminan
El informe que ha presentado hoy la Asociación Europea de Constructores de Automóviles (ACEA) muestra que el número de países que cobran por las emisiones de CO2 no ha dejado de aumentar en los últimos cuatro años. Eran nueve en 2006, once en 2007, catorce en 2008 y dieciséis en 2009.
Estos impuestos favorecen la venta y el uso de los vehículos que consumen más eficientemente los combustibles. Para apuntalar esta ventaja, hasta 15 Gobiernos de la UE ofrecen incentivos fiscales a los vehículos eléctricos recargables. Según la patronal del sector en el Reino Unido, el primer año en el que se redujo el parque automovilístico británico desde la Segunda Guerra Mundial.
La patronal de los fabricantes de automóviles europeos «da la bienvenida» en un comunicado a que sean cada vez más los Estados que apuestan por gravar las emisiones de los vehículos. Aunque reconocen que «las medidas fiscales son una herramienta importante a la hora de orientar la demanda de los consumidores hacia los coches eco–eficientes», consideran que también debería abolirse el impuesto de matriculación.
Los tributos sobre el CO2 de los coches favorecen la calidad del aire, las ventas y también los balances de los Gobiernos. Sólo en la Europa 15 y durante el año pasado, las recaudaciones relacionadas con el sector del motor ascendieron a 377.000 millones de euros, lo que representa un 3,4% de la producción nacional de los países más ricos de la UE. La mayor parte de esa cantidad, reconoce ACEA, se corresponde con impuestos sobre la contaminación y las emisiones de CO2.
Los perjudicados
Un estudio reciente del centro de investigación estadounidense National Bureau of Economic Research muestra que en general los impuestos sobre las emisiones de CO2 perjudican a los hogares con menos recursos, porque son los que emplean una proporción mayor de su renta en bienes que se han obtenido con un uso intensivo de energía.
Aunque esta situación podría verse mitigada en el sector del automóvil, en general los vehículos que más consumen son los más caros, los hogares que no tienen recursos para cambiar de coche pagan más por conducir sus viejos modelos porque la energía les sale más cara. La proliferación de los impuestos sobre el CO2 que genera el mercado del motor en Europa ha coincidido con la peor crisis económica de los últimos treinta años.