04 Ene El automóvil vuelve a la carga con la petición de ayudas
De hecho, hay que remontarse casi dos décadas, hasta el lejano 1993, para encontrar un ejercicio tan aciago para la industria del motor, que ayer reclamó al nuevo Gobierno un plan de incentivos para insuflar algo de vida a un mercado que hoy vende la mitad de coches que hace cinco años y cuyas perspectivas siguen siendo muy sombrías para 2012.
La experiencia muestra que las ayudas gubernamentales, como el antiguo Prever o el más reciente 2000E, suelen tener efectos balsámicos sobre el mercado, pero se trata de un alivio temporal, supeditado a la duración de los estímulos, y que no resuelve el problema, que en el caso español es una economía sumida en una grave crisis, con niveles récord de paro y una persistente falta de financiación.
En este escenario, la eventual recuperación de las ayudas oficiales podría contribuir a espolear las ventas (y de paso quizás también los ingresos fiscales que el Estado obtiene del automóvil, como auguran los propios representantes del sector), pero, como ha ocurrido en el pasado, sería un impulso engañoso que de poco serviría a medio y largo plazo, al menos en tanto la economía no ofrezca señales de reactivación que transmitan confianza a la demanda. Eso, y no sostenes artificiales, es lo que de verdad necesita tanto la industria del motor como el conjunto de sectores económicos.