El coche eléctrico y el paternalismo galo

El coche eléctrico y el paternalismo galo

El ejecutivo de Sarkozy quiere que las baterías de esos vehículos, la piedra angular de su motor (representan la mitad de su coste), se diseñen y fabriquen en Francia. De hecho, ha prometido al grupo contribuir con 195 millones de euros para erigir una planta de desarrollo y producción de baterías en suelo francés. El hándicap es que si Renault es el padre de sus modelos enchufables (lanzará tres este mismo año), la japonesa Nissan es la madre. Suyas son las baterías empleadas por esos modelos y suya la tecnología. Con independencia de si los objetivos del grupo francés para el coche eléctrica pecan de excesivamente optimistas (100.000 coches eléctricos en el horizonte de 2013), Renault debe andar con pies de plomo para que los afanes proteccionistas del Gobierno francés, que todavía controla un 15% del capital del grupo automovilístico, no enturbien la relación con su socio nipón. Renault y Nissan sellaron hace más de una década un alianza industrial que se ha revelado muy fructífera, tanto desde el punto de la eficiencia como del ahorro de costes de fabricación y desarrollo. Sería una lástima que el extemporáneo paternalismo del Gobierno francés pudiera, de algún modo, echar tierra sobre esa larga relación, que, por su eficacia y longevidad, se ha convertido en todo un referente para el resto de la industria.