El coste salarial no es la única clave de deslocalización de la automoción

El coste salarial no es la única clave de deslocalización de la automoción

L. PIÑERO – VIGO Los más de 30.000 trabajadores del sector de la automoción de Galicia es un patrimonio económico y social a preservar. La industria del automóvil, en particular las plantas de producción de componentes, tiene un alto riesgo de deslocalización que pende como una espada de Damócles sobre la comarca viguesa. Desde 2001 han abandonado España un total de 33 empresas del sector, cuatro de ellas en la comarca de Vigo –dos de Valeo, Draka y Prevent–, que destruyeron más de 1.400 puestos de trabajo. Entre 2003 y 2008, el número de empleos perdidos en esta industria en España fue de 40.000, con los que el sector mantiene en la actualidad por debajo de los 200.000 operarios. Solo entre 2007 y 2008 la facturación, que rondaba al principio de la crisis los 33.000 millones de euros, cayó en 3.000 millones. Mientras que las nuevas inversiones, que se situaban en 2007 en torno a los 26.000 millones, cayeron un año después en 150 millones. Aún así, la llegada de nuevas empresas de componentes de automoción a Galicia compensó a las que se deslocalizaron, tanto por su tamaño como por el número de empleos que generaron. Las nuevas implantaciones en los últimos años fueron Benteler (300 empleos), chasis y chapas; Denso (200 empleos), grupos de climatización; Antolín (100 empleos), asientos; Rieter Saifa (100 empleos), moquetas e insonorizaciones interiores de coches; Wagon Automotive, (85 empleos), techos solares y parabrisas; Gonvarri (80 empleos), chapa metálica; y Mollertech (70 empleos), inyecciones de plásticos. ¿Por qué se producen estos movimientos? Los profesores del Departamento de Organización de empresas y marketing de la Universidad de Vigo, Jesús Fernando Lampón y Xosé Henrique Vázquez, entre otros, detectaron ocho criterios que afectan directamente a las deslocalizaciones de las empresas de componentes. Ocho variables Entre estas ocho variables, solo dos se pueden definir como de “bajo riesgo” para que las empresas permanezcan ubicadas en un determinado territorio. La primera se refiere al flujo tenso, que es cuando el fabricante de automóviles requiere que su proveedor se encuentre en sus proximidades para abastecerle just in time (justo a tiempo), lo que hace necesario que las empresas se encuentren cerca de las plantas de ensamblaje. Las condiciones logísticas, relacionadas con la frecuencia y con los tiempos de entrega exigidos por los clientes “es uno de los principales obstáculos para las deslocalizaciones”. En segundo lugar, las plantas de complejidad productiva –en las que se fabrican sistemas complejos y del alto valor añadido– son más difícil que se deslocalicen. Por el contrario, las amenazas para que dejen su actual ubicación las empresas multinacionales son mayores. Así, la existencia de plantas alternativas dentro de un mismo grupo empresarial en diferentes países facilita la movilidad internacional de la producción entre sus diferentes localizaciones. Si la multinacional cuenta con un gran número de sedes, el riesgo es mucho mayor. El cambio del lugar de producción también depende de los procesos de reestructuración que se lleven a cabo a nivel de grupo, con lo que el riesgo es alto. Pero además, influye también la nacionalidad de los propietarios de las empresas por dos razones fundamentales: por un lado porque a la hora de cerrar una planta procuran que no sea en su país de origen y, por otro, el coste social y político es infinitamente menor. Jesús Lampón y Xosé Henrique Vázquez alertan también de que un elemento clave es el de la competitividad, pero la competitividad no con sus competidores, sino dentro del propio grupo empresarial. Los expertos aseguran que el peligro se acentúa cuando la productividad de una planta cae por debajo del nivel medio del resto del grupo. Sin embargo, el informe destaca que el criterio de rentabilidad dentro del mismo grupo no juega ningún papel. “Nuestra explicación es que la diferencia de resultados entre rentabilidad y productividad sucede porque la rentabilidad es una variable sobre la que influyen aspectos fuera del control de la dirección de la planta como los contratos que son negociados desde la matriz, políticas centralizadas de carácter legal, fiscal…”, explican en el informe. Por último, entre los factores que influyen en las deslocalizaciones está la intensidad de la mano de obra. Según el estudio, cuantos más trabajadores manuales existan en una planta, más alto es el riesgo de deslocalización. Esto ocurre cuando el coste del producto es menor que el de la mano de obra. Otro de los aspectos que afectan a las descolocaciones son los costes de recolocación. En el informe se detecta que cada vez resulta más fácil y barato trasladar la maquinaria de una planta a otra. “Los activos fijos son reutilizables en cualquier otra ubicación industrial”, señala el informe. Para Lampón este aspecto tiene una influencia menor.