El expresidente de Cierval, José María Jiménez de Laiglesia: «Ford sigue por los empresarios»

El expresidente de Cierval, José María Jiménez de Laiglesia: «Ford sigue por los empresarios»

J. SANCHIS Sin tapujos, con la perspectiva que da el paso del tiempo y la independencia de no deber nada a nadie, José María Jiménez de Laiglesia acaba de publicar ‘Camins duptosos. Las Valencias que he vivido’, un libro de memorias que su lectura escocerá a algunos de los protagonistas de la vida política y económica de la Comunitat en los últimos 30 años. Por sus páginas pasan Joan Lerma, Eduardo Zaplana, Arturo Virosque, Ramón Cerdá, Federico Félix, Pedro Agramunt, Aurelio Martínez, Luis Espinosa y muchos otros. Y temas clave como la Autovía a Madrid, la continuidad de Ford o la fusión de las cajas. El expresidente de la CEV, que siempre se ha caracterizado por su defensa de una sociedad civil fuerte, recuerda con especial cariño la fundación de la Asociación Valenciana de Empresarios (AVE). Según Jiménez de la Iglesia nació con idea de convertirse en lobby ante el conformismo de la CEV a comienzos de los años 80 y a ninguno de sus fundadores se le pasó por la cabeza potenciar un ‘think tank’. A la actuación de este grupo de empresarios atribuye importantes logros en aquellos años (la autovía a Madrid, la reivindicación del AVE y otras infraestructuras). Como uno de los impulsores del Club Jaime I, el autor nos introduce en el ambiente cultural de fines de los 70 y comienzos de los 80, que, en su opinión, «miraba demasiado hacia el norte». Este grupo precisamente fue el impulsor del actual IVAM, aunque luego la idea se la apropiara el entonces Consell socialista. Jiménez de la Iglesia aparece en esos años como un firme defensor de la Real Academia de Cultura Valenciana. Con cierta nostalgia recuerda su paso al frente de la CEV, cuando mantener su independencia frente al poder político le costó más de un disgusto. Y es que el empresario debe preservar su autonomía y así considera han contribuido a que consigan grandes logros. Un ejemplo. La Autovía a Madrid. El autor defiende que el acuerdo que logró salvar la oposición de Bono para atravesar la zona de Contreras fue conseguido por los empresarios. La consecuencia fue, afirma, que Lerma dijo que «yo era un traidor por haber ido a ver a Bono a espaldas suyas». Para Jiménez de la Iglesia Ford sigue en Almussafes gracias al empresariado valenciano que consiguió in extremis satisfacer la demanda de la multinacional de construir un parque industrial en el que se asentaran las empresas proveedoras. A Zaplana también le dedica unas líneas. Según Jiménez Laiglesia su relación estuvo llena de baches en su intento por mantenerse al margen de intereses políticos. Esperaba de él que potenciara «la sociedad valenciana» pero «no solo no lo hizo, sino que lo poco que habíamos conseguido lo destrozó». De Pedro Agramunt tampoco mantiene tiene buenos recuerdos. Asegura que el ahora senador del PP intentó controlar la CEV, tras dejar la presidencia, a través de Luis Espinosa, el secretario general, con el mantuvo varios encontronazos. Acusa a Arturo Virosque de traicionarle, entonces era vicepresidente de la CEV, para forjarse «una larga carrera», apoyando la creación del Consejo de Cámaras de la Comunitat aprobado por el Consell de Zaplana sin contar con los empresarios. El veterano empresario tampoco le hace ascos a abordar la situación de CAM y Bancaja y lamenta la salida de los centros de decisión financieros de la Comunitat. De la caja alicantina dice que se «blindó» contra una fusión con Bancaja solapando oficinas en una operación «maquiavélica» diseñada por Juan Antonio Gisbert, entonces director general de la CAM. También hace responsable del fracaso de la fusión a Antonio Fernández Valenzuela, ex presidente de la Diputación y de la Cámara de Alicante, al que define como «destructor de la convivencia regional». Aunque pasa de puntillas por su salida de la CEV, no tiene reparos en calificarla de «huida». Cuenta que sufrió una «campaña mediática» en su contra. Prefiere no entrar en detalles y se limita a decir: «Yo estaba pasando por el desaguisado,de los cursos vigentes» (…). pero ¿para qué contarlo?». Así se refiere al caso de los fondos de formación que parecían haberse destinado a otros fines. Eso sí, Jiménez de Laiglesia se marchó no sin antes «buscar un sustituto» que encontró en Rafael Ferrando.