18 Abr El poder valenciano en la CEOE
HÉCTOR ESTEBAN
TRÃO EMPRESARIAL
JOSÉ VICENTE GONZÃLEZ FUTURO PRESIDENTE DE CIERVAL El máximo responsable de la CEV sigue una trayectoria paralela a la Rafael Ferrando. De la provincial saltará a dirigir la patronal autonómica. JOSÉ VICENTE MORATA PRESIDENTE DE LA CÃMARA Fue el primero de los grandes relevos en el mundo empresarial valenciano. Sustituyó al eterno Arturo Virosque al frente de la Cámara. VICENTE BOLUDA PRESIDENTE DE AVE El trío de cambios lo completa Vicente Boluda. El naviero se hizo con la presidencia de AVE, el lobby empresarial más fuerte de la Comunitat. Rafael Ferrando tiene un aire a Carl Fredricksen (sin gafas), el entrañable viudo de la película «Up: una aventura de altura en Hispanoamérica». Cara ancha, canas en el pelo y raya al lado. Fredricksen, con varias décadas a sus espaldas, decidió volar con su casa a cuestas atada a un ramillete de globos de helio. Una nueva aventura. Ferrando ha decidido cambiar «up» por «down» y se ha bajado de su propia aventura, la de liderar al empresariado valenciano días después de que José Vicente González, presidente de la Confederación Empresarial Valenciana (CEV), anunciara que optaría a llevar las riendas de Cierval. En cuanto al carácter, es difícil saber si Ferrando también es como Friedricksen, un tipo tierno pero gruñón. Lo único que se puede adivinar es que ambos son dos grandes introvertidos. El entorno del presidente de Cierval prefiere calificarlo de «discreto», una virtud que, según cuenta, le ha permitido granjearse la confianza de mucha gente. La salida de Ferrando, que él mismo el viernes definió como «dimisión» por culpa del traicionero subconsciente, significa la tercera pieza que cae en el serpentín que ha representado al empresariado valenciano en los últimos años. La falta de apoyos es cruel y decisoria. Es significativo que la crisis económica haya sido el escenario del relevo empresarial. El primero en decir adiós fue el eterno presidente de la Cámara de Comercio Arturo Virosque, que dejó pasó a un José Vicente Morata con un nuevo aire en malos tiempos para esto del negocio. En la Asociación Valenciana de Empresarios (AVE), el lobby empresarial por excelencia de la Comunitat, Paco Pons terminó una etapa para dar paso al naviero Vicente Boluda, que hace escasas semanas puso deberes al Consell. El expresidente del Real Madrid hizo que muchos tomaran nota. Más allá de lo que dijo, por lo que pueda apuntar en el futuro más inmediato. Ahora le ha llegado el turno a Cierval. Tras el runrún del adiós de Ferrando, este lo confirmó el pasado viernes. No se presentará a la reelección a la presidencia y le abre así las puertas a José Vicente González, que cuenta con el apoyo de las patronales de Valencia y Alicante y que, en cierta manera, inicia una vida paralela a la de Ferrando en su día. Corren nuevos tiempos para los empresarios valencianos. Ferrando cogió su ramillete de globos de helio para su aventura empresarial allá por 1997, cuando se puso al frente de la Confederación Empresarial Valenciana (la patronal en la provincia de Valencia). Dos años después saltó a la presidencia de Cierval. Pero mucho antes de todo esto, este hombre casado y padre de cuatro hijos, fue uno de los fundadores del equipo de arquitectos Vetges Tu i Mediterrà nia. Este grupo fue el encargado de acometer la readaptación del viejo cauce del Túria en la zona del puente de Campanar, que no estuvo exenta de críticas por el exceso de cemento. Hoy el arbolado lo ha disimulado. Junto a su hermano Javier, el presidente de Cierval es la cabeza visible de la constructora Gesfesa. Ferrando, durante su mandato, siempre ha proyectado a la Comunitat Valenciana a 350 kilómetros de distancia. A Madrid. La capital de España ha sido su obsesión. Y lo ha conseguido. En el haber, hay que contabilizar su habilidad (siempre con trabajo y esfuerzo) de situar al empresariado valenciano como un auténtico poder en la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE). Bajo su presidencia en Cierval, se ha conseguido que 18 valencianos estén representados en la patronal española y que el propio Ferrando sea vicepresidente desde principios de la década. Un puesto que hoy todavía ocupa y que ha puesto en cuarentena según lo que decida la nueva junta directiva de la patronal valenciana. Todo apunta a que no continuará. Su entorno más cercano afirma que su discreción ha sido su mejor arma y aval. El poder valenciano en Madrid, como él mismo ha dicho, es fruto de una trayectoria basada en el trabajo del día a día. Hombre de confianza del presidente de la CEOE, Joan Rosell, el presidente de Cierval dirige la comisión de Régimen Interno de la patronal. Donde se cuecen las habas de lo más secreto del día a día de la patronal (contratos blindados, estatutos…). En el debe, a Ferrando se le acusa de dar demasiado la cara en actos de partido, especialmente del PP. Una moda a la que obligó Eduardo Zaplana y que, posteriormente, heredó Camps. En su defensa, hay quien dice que el presidente de Cierval no iba para dejarse ver, sino para ver. Lo cierto es que en las crónicas de sociedad dentro de los mítines políticos su nombre era fijo, hasta que la patronal valenciana acordó no acudir a ningún acto con olor político a no ser que fuera sobre economía. Tres mandatos después, en tiempos de adioses y no hasta luegos, Ferrando se baja de la locomotora de Cierval, que echa más madera para combatir la crisis. Ahora llega José Vicente González, otro estilo para la patronal.