La banca negocia un pacto a tres bandas con Ros Casares y Thyssen

La banca negocia un pacto a tres bandas con Ros Casares y Thyssen

víctor romero | valencia La banca acreedora ha condicionado la inclusión del grupo industrial valenciano en el proyecto Fénix a que se produzca un acuerdo con ThyssenKrupp en la filial que ambos comparten al 50 %, Thyssen Ros Casares. La entidades financieras (Bankia, Sabadell, Santander, BBVA y Caixabank) han llegado a la conclusión de que el futuro de Ros Casares pasa por despejar las incertidumbres sobre las factorías dedicadas a la fabricación de planos (planchas) para el sector del automóvil. En el caso de Thyssen Ros Casares estas plantas son las de Port de Sagunt y El Puig. Ros Casares también posee en solitario otra factoría en Vitoria.

La decisión de Thyssen de cerrar la planta acerera de Galmed en Sagunt, que proveía de materia prima al resto, y su abandono del consejo de administración de Thyssen Ros Casares han provocado una batalla judicial. Ros Casares reclama 112 millones por daños y perjuicios en el marco de su concurso de acreedores y ha iniciado otras demandas mercantiles e incluso penales contra los ejecutivos de la multinacional alemana en España.

La banca maneja dos escenarios. El primero es que los dos socios pacifiquen su relación y la sociedad compartida vuelva a funcionar con normalidad. En este caso, los bancos capitalizarían deuda y Ros Casares incorporaría el negocio de planos al fondo Fénix, en el que también tendría una participación Thyssen. La otra alternativa es que Ros Casares venda su participación a Thyssen, de forma que los bancos recuperen parte del dinero prestado. Esta opción supondría un duro golpe para la familia Ros porque podría ver el resto de su grupo abocado a la liquidación por falta de viabilidad y las entidades financieras apenas obtendrían retorno económico.

Hay una tercera solución, la preferida por Ros Casares, que es la compra a Thyssen de su 50 % en la filial compartida. Sin embargo, la ausencia de recursos imposibilita esta operación. La banca no está dispuesta a poner dinero fresco y la familia Ros tampoco cuenta con financiación alternativa.

Lo extraño de la negociación ha sido el giro de Thyssen, que ha pasado de cerrar plantas y replegarse en España (forzando el enfrentamiento con Ros Casares) a ofrecerse como comprador del paquete accionarial de su socio para quedarse con las factorías que hace apenas un año no entraban en sus planes de producción.

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